Murió de pie el Obradoiro en su estreno en Sar ante todo un Real Madrid. Y, es que, los compostelanos llevaron al actual supercampeón de Europa a la prórroga a través de la lucha, la intensidad y de la entrega. Cualidades que, sumadas a la calidad de los Childress, Barrueta y compañía, les permitieron soñar con los ojos abiertos hasta la bocina final. Unos excelso Cabarrot y Maledon, sin embargo, les privaron de la gloria.

El mérito fue mayor si cabe dado que los compostelanos lo vieron perdido en muchas fases del choque, pero se repusieron a cada uno de los golpes que les asestaba el Real Madrid. Ahí, quizás, tuvo mucho que decir la afición picheleira que, por si no lo hubiera hecho poco en Primera FEB, se entregó por completo a los suyos. La conexión y el ambiente generado ya no se lo quitará nadie en el resto de la temporada. El próximo domingo, ante un club de ‘su liga’ como el Hiopos Lleida, tendrán una nueva oportunidad de conseguir la primera victoria en casa.

Unos ganas, otros obligación

Ilusión y necesidad se topaban en un Sar vestido de gala para presenciar el regreso de su equipo a la élite del baloncesto nacional. El rival, todo un Real Madrid, convertía el escenario y la cita en algo todavía más especial. Los componentes extradeportivos, en forma de nostalgia y estrenos, eran muchos, pero lo deportivo imperaba por encima del resto. Pues los visitantes llegaban faltos de sensaciones tras las derrotas intersemanales en competición europea.

Pedro Martínez, que dispone de una de las plantillas más largas de la categoría, dejaba en la capital a Abalde, Campazzo, Deck y Jones. ¿La novedad? Un Smith al que, por fin, pudieron inscribir. El Obradoiro, por su parte, no tenía ninguna presión a sus espaldas tras ganar en su debut al Morabanc Andorra. Barcello y Faure, que estuvieron entre algodones a lo largo de toda la semana, finalmente sí que entraron en convocatoria.

El estadounidense, sin embargo, no andaba pleno de condiciones y, por ello, fue el único cambio que introdujo Epi en el quinteto inicial respecto a hacía ocho días. Brito ocupaba su lugar, acompañando a Childress y a Meindl en la dirección, con Soriano y Galán como pareja interior. El ‘8’, precisamente, hizo que rápidamente sus aficionados se pudieran sentar con un tiro en suspensión. Y, es que, los picheleiros mantienen la tradición de ponerse de pie hasta la primera canasta.

Inicio prometedor: 22-22

Encendidos con el aliento de su afición, los locales se comieron al Madrid en los primeros minutos a través de la intensidad y el acierto de un Childress que mantenía la finura mostrada en Andorra (7-1). El Madrid, por su parte, no encontraba el camino al aro más allá de la línea de personal. Y, es que, la primera en juego se produciría a través de un tiro liberado desde la esquina de Feliz cuando ya habían transcurrido más de tres minutos y medio.

El hambre, en ocasiones, tiene un consecuencia peligrosa: el peligro de un exceso que conlleve prisas y precipitaciones. Algo que terminó pasándole factura a un Obradoiro que, con cuatro pérdidas muy seguidas, permitió que el Madrid le diese la vuelta a la tortilla con demasiada celeridad. Paró el crono y la pequeña hemorragia Epi con su primer tiempo muerto y el choque se volvió, por momentos, en un mar de imprecisiones en ambos bandos.

Errores e imprecisiones que hacían de cada batalla por el rebote un absoluto zafarrancho de combate: hasta siete ofensivos capturarían los madrileños en el primer cuarto. Una estadística que, sumada a las rutinarias visitas a la línea de personal, hizo que la igualdad imperase a la conclusión del primer envite (22-22). La mitad de esos puntos del Madrid llegaron de tiro libre, donde la diferencia de lanzamientos (3-16), era abismal. Y eso que los visitantes tampoco sacaban a relucir sus mejores porcentajes (67%).

El Madrid se estira: 43-54

Trataba el Madrid de romper el choque, pero eran más sensaciones que certezas. Pues continuaban muy espesos en ataque y, aunque abriesen pequeñas brechas, la lucha local seguía dando sus frutos. Se aventuraban, incluso, a saltar al 2 contra 1 en las subida de balón para dificultar ese juego vertiginoso ‘made in’ Pedro Martínez. Esos sí, la mayoría de veces por alguna individualidad más que por juego colectivo o un movimiento de balón que hoy era algo trabado ante la propuesta defensivo del Madrid.

Tavares calienta en el Multiusos Fontes do Sar. Fuente: Obradoiro CAB

Comenzaron a saltar también al dos contra uno los de Epi cuando los madrileños pasaban de medio campo y, aunque no siempre, generaron algún estrago en el Madrid. Un robo a causa de ello propició un contrataque que Felipe dos Anjos culminó con un mate y trajo como consecuencia el primer tiempo muerto solicitado por Pedro Martínez (33-34). Consiguió la reacción y el ajuste que buscaba en su equipo y, en apenas minuto y medio, endosaron a los locales un parcial de 0-6 basado en transiciones.

Al que le tocaba encontrar solucione ahora era a Epi con el objetivo de recudir distancias antes del descanso. Maledon y Cabarrot, con un triple por cabeza, endurecían todavía más la situación. Trataban de contrarrestarlo con el músculo de Soriano y su capacidad de anotar tras el pick and roll, pero el Real Madrid ya era un transatlántico lanzado que cesó sus errores desde el exterior. Hasta cinco triples consecutivos anotarían, propulsando su porcentaje hasta el 40%, y otorgándoles una ventaja golosa tras el segundo cuarto (43-54).

Así, sin quizás haber merecido un castigo de tal magnitud, se marchó el Obradoiro camino de vestuarios. Conscientes de haberse precipitado en ocasiones, pero también de haber rozado la perfección en otros aspectos: se marcharon con más rebotes ofensivos (10) que defensivos (9). La calidad y la capacidad de no bajar de sexta de su rival, a fin de cuentas, les había levantado un duro puerto de montaña de cara a la segunda mitad.

Reacción local: 69-75

Arrancó el encuentro tras el asueto con un nuevo rebote ofensivo local que no se aprovecharía y con el Madrid muy serio, sin ofrecer ningún tipo de concesión. Soriano, que ya se acercaba a la decena de puntos, se erguía como la única referencia capaz de contrarrestar el interminable aplome visitante. O esa era la sensación al menos en esos primeros minutos, pues se le irían sumando efectivos, a Childress y Barcello principalmente, hasta el punto de meterse de lleno en la terna (57-61).

El modus operandi había sido, de nuevo, la intensidad y unas piernas en defensa que no se venían abajo. Y, es que, la décima recuperación del Obradoiro y, por consiguiente la duodécima pérdida visitante, obligaba a Pedro Martínez a detener de nuevo el partido. La respuesta, sin embargo, no fue inmediata. Meindl, con otro triple, percutía sobre una herida madrileña cuyo principal sangrado era el apagón completo desde el exterior.

Barrueta igualó la contienda desde la personal en un cuarto en el que hasta la tendencia de las personales había cambiado. Pero, justo cuando ya le veían las orejas al lobo, resurgió de su letargo el Madrid. Okeke asestó un duro triple tras una gran defensa y Lull, tirando de veteranía, robó un balón que finalizaría en una sencilla bandeja. Helaba, así, la remontada local el Madrid, aunque el Obradoiro se agarraba al partido como si de un clavo ardiendo se tratase.

Dos triples de Barrueta y Agada les permitían seguir soñando, mientras que en el Madrid Procida, para bien y para mal, era protagonista. Sin embargo, a los recientes supercampeones de Europa se les empezaban a ver costuras en formas de nerviosismo y ansiedad. Llegaban tarde a sus intentos de cortar pases y, con inteligencia, el Obradoiro aprovechaba esa ventaja regalada para llegar vivos al envite final (69-75). Eso sí, la última canasta sobre la bocina de Jantunen bajó el soufflé.

El Obra fuerza la prórroga: 99-99

Luwawu-Cabarrot, que llevaba desaparecido desde antes del descanso, emergió en esta fase decisoria para, con un triple, silenciar a un Sar claramente disconforme con la actuación arbitral. ¿La respuesta de los suyos? Irse a la brega para, con un triple de Agada tras rebote ofensivo, reengancharse a un choque que el Madrid amenazaba con matar y que terminaría haciendo al siguiente minuto. Pues Smith respondía con un triple y Cabarrot lo acompañaba con otro, el cuarto personal, para abrir una brecha casi definitoria a siete minutos para el final (77-88).

Lo detuvo de emergencia Epi en busca del enésimo colosal esfuerzo de los suyos y Agada, con un 2+1 de oficio y una bandeja tras robo, trataba de recuperar la esperanza. Aumentaron de nuevo el nivel de contactos, colapsando por completo la ofensiva madridista. Y, como si de una causa-consecuencia se tratara, recuperaron el acierto: Quintela enseñó el camino que Soriano, con un 2+1 de mate espectacular, secundaría. ¿El resultado? Partido empatado a poco más de cuatro minutos.

Al igual que lo hiciera en el tercer cuarto, reaccionó Maledon con un triple. Pero ahora, por la caldera que se había generado y la confianza que irradiaba el Obradoiro, no se antojaba tan claro que fueran a ser capaces de zafarse. Es más, Quintela ponía por delante a los compostelanos casi de forma inmediata (92-91). No se arrugaba tampoco Cabarrot que, superando la veintena de puntos individuales, generaba esa alternancia en el electrónico.

Tavares, con unas protestas tras la no señalización de un presunta falta en la pelea por un rebote, ponía la dosis de polémica. Los árbitros indicaron saque de fondo y, justo desde ahí, le llegó el balón a Barrueta con el que pondría de nuevo a los suyos por delante (96-94). Tuvieron la opción de agrandar la diferencia después de que Tavares errase dos tiros libres, pero una falta en ataque les privó de ello. En la siguiente acción, Maledon, también desde la personal, anotaba el primero y erraba el segundo. En el rebote, la posesión cayó del lado visitante.

Siguió Cabarrot sin quitarse la capa de héroe y, esta vez con un tiro de media distancia, recuperó el dominio en el marcador a menos de un minuto para la conclusión. Erraría Childress y castigaría Maledon: tres de ventaja para el Madrid con treinta segundos por disputarse. Hay vagones que sí pasan dos veces y el estadounidense del Obra no lo desperdició. Anotó un triple de ocho metros para poner el 99-99 y que el Madrid tuviese posesión para evitar la prórroga. Se desorganizó Maledon y el tiempo extra fue inevitable.

Final de infarto:

La imagen de Sar, independientemente de resultado, trascendía todo. La química generada, la unión con la afición y el clima construido ya era una victoria para el resto de la temporada para conjunto compostelano. Ellos, precisamente, fueron los primeros en romper la barrera de los cien puntos, pero quizás no tanto como les hubiese gustado. Pues Meindl tan solo aprovechó uno de los tres tiros libres de los que dispuso. No fue un inicio de prórroga efectivo por ninguno de los dos bandos: pérdidas, errores y malas decisiones se amontonaban fruto de la fatiga y la tensión.

Los dos componentes, sin embargo, no hacían mella en Childress que chocaba contra todos para levantar una bandeja inverosímil. Pradilla y Maledon, de forma inmediata, devolvían el golpe con cinco puntos que les aupaban en el electrónico en el ecuador (102-104). No le suponía ningún problema al líder local que continuaba metiendo canastas y repartiendo juego a Soriano. El dominicano, desde la personal, recuperaba el liderazgo (105-104).

Como si de tiros libres fuera la cosa, Maledon castigaba en el otro costado por partida doble y dejaba una situación prácticamente idéntica a la del último cuarto: el Obradoiro tres abajo con treinta segundos por disputarse. Dibujó Epi una salida de bloqueos para Barrueta a la que estuvo atenta la defensa madridista y el tiro del cubano siquiera tocó aro. Un lanzamiento en el que, de manera cruel, se desvanecieron todas las esperanzas e ilusiones de un conjunto gallego que murió de pie.

Ficha técnica

Monbus Obradoiro: Childress, Meindl, Brito, Galán, Soriano – quinteto incial- Abogidi, Agada, Dos Anjos, Barrueta, Quintela, Barcello y Faure.

Real Madrid Basket: Feliz, Llull, Cabarrot, Pradilla, Tavares – quinteto inicial- Smith, Shulga, Okeke, Procida, Maledon, Jantunen y Sarr.

Colegiados: Alfonso Olivares, Alberto Sánchez Sixto e Igor Esteve.

Pabellón: Multiusos Fontes do Sar que colgó el ‘no hay billetes’

Deja un comentario

Tendencias