Murió en la orilla el Monbus Obradoiro tras remontar una diferencia de quince puntos al Unicaja en el Trofeo Xacobeo (84-86). Meindl, desde la lejanía, tuvo en sus manos la victoria, pero el resultado quizás era lo de menos. Pues los de Epi lucharon contra uno de los ‘cocos’ de la categoría pese a no tener ningún ‘4’ del primer equipo disponible. Y eso que los andaluces amenazaron con romper el choque en muchos tramos del tercer cuarto en los que a los compostelanos se les vio todavía la falta de adapatación de algunos de sus jugadores.

Así, con dos victorias, cierran los compostelanos una pretemporada en la que, conforme han ido llegado efectivos, han crecido en cuanto a sensaciones y ritmo. Hoy, ante su gente, vivieron un test de mucha valía tanto para afición como para el cuerpo técnico. Pues unos fueron, en cierta forma, culpables del increíble último cuarto de los suyos y los otros, con tantas variedad táctica y de situaciones, a buen seguro que extrajeron aprendizajes. ¿El fuego real? El próximo fin de semana en Andorra con el inicio de la competición liguera y del ansiado regreso a la máxima competición nacional.

Máxima igualdad: 19-19

Era el último test antes del fuego real, pero ambos equipos llegaban renqueantes a cuanto número de efectivos se refiere. El Obradoiro, que regresaba a Sar tras la derrota frente al Breogán en la Copa de Galicia, no pudo contar con Alex Galán, con molestias tras un choque en el ‘EncestaRías’, ni con Efe Abogidi, recién aterrizado en Santiago. Txus Vidorreta, por su parte, tan sólo dispuso de once jugadores: Kravish (paternidad), Pérez (molestias en el pie izquierdo), Nzosa y Kalinonski (lesionados), causaron baja.

Louis Riga era la gran novedad de un quintero que, a excepción del jugador de la U-22, perfectamente podría ser el de la próxima semana en Andorra- Childress, Barcello, Meindl y Soriano lo completaban. El juego interior, precisamente, marcó la diferencia en los primeros compases: Willy Hernangómez se hacía grande en la pintura y, junto a la ayuda de Noua, le sacaron dos faltas personales en Soriano en apenas un minuto. A Epi no le quedaba otra que guardar a su ‘5’. Dos Anjos entraba en su lugar y, en uno de sus primeros contactos con el balón, asistía para que Meindl igualase desde el perímetro (5-5).

El brasileño enseñaba el camino al aro a los compostelanos a base de una movilidad que sacó de quicio a Brazdeikis, quien rápidamente cayó en problemas con las faltas. Eso, sumado a que su compatriota interior se crecía frente a Willy, obligó a Vidorreta a detener el crono por primera vez (10-7). Entró el choque en una fase más propia de pretemporada a partir de dicho momento, con más desconexiones defensivas y brillanteces individuales. Un intercambio de triples – Meindl y Childress para los locales, Noua y Lukosius para los visitantes- que ponía a los andaluces por delante (16-17). Y eso que se estaban desangrando desde el tiro libre, con unos porcentajes paupérrimos para su nivel .

El correcalles fue in crescendo y, con ello, el número de fallos cometidos por cabeza. Ello llevó a que un cuarto que pronosticaba unos logaritmos cercanos a los 30 puntos se quedasen un 19 iguales. Meindl, con nueve puntos, era el gran protagonista hasta la fecha en un primer envite en el que los canteranos picheleiros, Riga y Caicedo, demostraron estar preparados para la batalla si su técnico castellano les requiere para ella.

Unicaja abre una pequeña brecha: 39-46

El segundo cuarto comenzó de una forma prácticamente idéntica al final del primero: Barrueta era incapaz de aprovechar un rebote ofensivo capturado y Hunt dejaba sentado a su defensor y ponía el sexto punto en su casillero particular. Barrueta y Perry, desaparecidos hasta el momento, optaron por cargar la mochila anotadora en esta fase del choque, pero el de Unicaja goza de más recursos en su lastre y eso desequilibró la balanza. Y, es que, en apenas tres minutos anotó 7 puntos de diversos colores que obligaron a Epi a solicitar su segundo tiempo muerto de la mañana (27-32).

Obradoiro CAB
Brito busca el aro. Fuente: Obradoiro CAB

Haciendo la goma, pero resistiendo a través de la lucha y de los triples liberados errados por Unicaja, consiguió el Obradoiro igualar de nuevo la contienda con un nuevo tiro exterior de Barrueta (34-34). Ahí, paradójicamente, la aguja de la gasolina comenzó a apuntar hacia la zona roja de reserva. Y lo hizo debido a la aparición de un Alberto Díaz que, con un triple, mostraba a los suyos que únicamente era una cuestión de acierto. Como si se tratara de un trámite sencillo.

Apareció Barcello para recortar distancias también desde el 6´75, pero ahora ya era un trabajo de resistencia mayor. Otro tiro liberado del estadounidense pudo dejar la diferencia en un sólo punto antes del descanso, pero el rebote lo capturó Alberto Díaz y el mismo internacional silenció Sar con un triple sobre la bocina (39-46). Así se fueron ambos equipos al asueto, con la sensación de que la capacidad de mejora era más que evidente y que la irregularidad era propia de un 20 de septiembre.

El Obra se agarra: 62-72

Las bajas picheleiras provocaron que jugadores de diversas características se tuvieran que adaptar a la posición de ‘4’, En el regreso de vestuarios, Epi apostó por los centímetros y fue Faure el encargado de pegarse con marcas de menor altura y mayor movilidad. El experimento, en cuanto al marcador se refiere, no fue prolífico. Pues cuando el ex del Oviedo se sentó de nuevo la diferencia alcanzó la decena (42-52). ¿El problema? No tanto interior como colectivo a nivel ofensivo. Espesos y sin ideas, muchas posesiones terminaban con tiros lejanos o claramente forzados.

Unicaja, por su parte, cada vez se sentía más cómodo sobre el parqué compostelano, creando ventajas desde un bloqueo alto y no perdiéndolas hasta que el balón perforaba el aro. Y cuando no lo hacían, aprovechaban los missmatch: así lo hizo Lukosius cuando se quedó con Soriano para poner el +15 en el electrónico (42-57). Aunque trataron de reaccionar, las energías también andaban algo justas y, permitiendo hasta tres rebotes ofensivos en una misma jugada, aspirar a reducir diferencias se antojaba ciertamente inverosímil.

Eso sí, el Unicaja tampoco era un velero zarpante, sino que iba a tirones. Los constantes errores desde la línea de personal y algún que otro regalo totalmente liberados, propiciaron una reacción santiaguesa de la que no había atisbos. Meindl regresó al encuentro tras el fulgurante inicio de choque, Quintela se marcó un coast to coast y Agada puso la guinda para que a algo menos de dos minutos para terminar el tercer cuarto, todo regresase al punto de origen de este (59-66). Lo frenó Vidorreta con criterio y efectividad, pues a través de Hernangómez y Perry devolvió el demarraje a la decena en la antesala del envite definitivo (62-72).

Remar para morir en la orilla: 84-86

Salió el Obradoiro con hambre y muchas ganas a los diez minutos decisorios y, sobre todo, tradujo un ambiente frío en una pequeña caldera que Willy Hernangómez, con un palmeo y un tapón, se encargó de enfriar ligeramente. Pero respondió a ello Agada con un triple que colocaba a los suyos a seis (68-74) hacía vibrar a los más de mil aficionados que se acercaron al Multiusos. Los nervios en el lado visitante, tras haberlo visto ganado, eran evidentes y, precisamente de ello, se aprovecharon los de Epi hasta el punto de tener Barcello un triple liberado para colocarse por delante (73-75).

¿La cruz de la moneda? El aumento de la intensidad les llevó a meterse en bonus a más de cinco minutos para la conclusión con lo que ello significa. Barrueta, desde la esquina, tuvo también la oportunidad de cambiar el liderazgo del marcador, pero parecía que ese paso se le resistía a los compostelanos. Sin embargo, con un 1 de 4 desde la línea de personal, Perry le otorgaba vidas infinitas a los locales que Soriano trataba de aprovechar en la pintura (76-77).

En ese mar vertiginoso, Willy Hernangómez hacía las veces de pescador paciente para, luchando cual hormiga debajo del aro, ir dando pequeñas estacadas a la esperanza de su rival. Su vigesimoprimer punto fue el causante de que Epi frenase de nuevo el tiempo, pues la diferencia se había ido de nuevo hasta los 5 (76-81) a falta de 2:17 para la conclusión. Hunt, en la reanudación, percutió con un triple que dejaba ya sin margen de error al Obradoiro.

Los gallegos parecían empeñados en querer brindarle una victoria a sus aficionados antes del inicio liguero y, con dos robos consecutivos, pusieron el encuentro al rojo vivo con todavía un minuto por jugarse (82-84). Soriano, a través de un tiro de media distancia originado de la continuación de un bloqueo, igualó la contienda (84-84). ¿Por delante? Dieciocho segundos y posesión para el Unicaja. Vidorreta gastó su segundo tiempo muerto para elaborar un ataque.

Perry dejó el balón en las manos de Hunt que, en su camino al aro, se topó con Quintela y los colegiados señalaron falta. El del Unicaja anotó los dos sin querer. Pues, tras caer el primero dentro, el segundo trató de errarlo: su lamento tras ver cómo el balón pasaba la red le delató. Ahora, pero con mucho menos tiempo -dos segundos- tenía la opción el Obradoiro de igualar o ganar el choque. Lo marcado por Epi en la pizarra no salió y el lejano tiro de Meindl salió repelido, pero el Obradoiro se marchó con muy buenas sensaciones de ese último cuarto (84-86).

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